Silvia Gutiérrez Prieto

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“Se llama calma”: El poema de Dalai Lama donde nos habla de que la calma lo es todo

Publicado el: 03/08/2020
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Dalai Lama es el líder espiritual del budismo tibetano, siendo el más conocido Tenzin Gyatso, el XIV Dalái Lama. Él fue quien creó el poema más conocido y más excepcional desde un punto de vista emocional y psicológico, titulado “se llama calma”.

En el budismo, la calma es fundamental. Calma no significa ausencia de problema, sino que se refiere a ese estado de tranquilidad que se desarrolla de la mano junto con la aceptación.

La calma es uno de las joyas emocionales que más valoramos dentro de nuestro equilibrio mental y, sin duda, uno de los más elusivos en nuestra sociedad cargada de inmediatez, a ritmo vertiginoso y donde reina la hiperestimulación.

La calma es un estado de tranquilidad y serenidad. Alcanzar la calma no solo se refiere a lograr una calma ambiental, más bien, calma mental. Requiere aquietar la mente, las emociones y los pensamientos que fluyen sin cesar, para evitar estados de confusión y/o agitación, y lograr la paz interna.

Quiero que recuerdes que nuestra mente no es fija, es más bien un proceso. Entiéndela como una corriente mental, de tal forma que, si la mente permanece siempre en un pensamiento, se atasca y no fluye. Permanece en un estado congelado. La mente, como bien habrás comprobado, está en constante movimiento porque es dinámica.

El problema aparece cuando, los pensamientos que pasan por nuestra mente, se aseguran la continuidad, es decir, la recurrencia. Aquí es donde radica la importancia de educar nuestra mente para evitar que salte de una preocupación a otra. De forma contraria, el flujo de pensamientos negativos sería constante.

Si adquirimos estos hábitos mentales, es muy posible que te encuentres en un estado de confusión y agitación que te alejan, cada vez más, de tu calma interior. Nuestra mente necesita ser educada para poder canalizar de la forma más favorable para alcanzar la paz interior. Estar en calma con uno mismo, nos ayuda a cuidar nuestra salud, a decidir mejor y a respetarnos, entendiendo que nada es tan "urgente" como siempre lo parece.

 

Si ya lo has alcanzado, sabrás de que hablo.

Cuando nuestra mente se encuentra relajada y nuestro corazón sosegado, respondemos mejor a las dificultades de la vida. Ahora bien, alcanzar ese sentimiento, ese sutil equilibrio interior, no es algo que podamos conseguir de un día para otro.

Tal y como nos explica el propio Dalai Lama:

Ni una estación especial ni una mente iluminada se crean en un solo día. Necesitamos descalzarnos de muchas cosas.

 

 "Se llama calma"

 

Se llama calma y me costó muchas tormentas.

Se llama calma y cuando desaparece…. salgo otra vez a su búsqueda.

Se llama calma y me enseña a respirar, a pensar y repensar.

Se llama calma y cuando la locura la tienta se desatan vientos bravos que cuestan dominar.

Se llama calma y llega con los años cuando la ambición de joven, la lengua suelta y la panza fría dan lugar a más silencios y más sabiduría.

Se llama calma cuando se aprende bien a amar, cuando el egoísmo da lugar al dar y el inconformismo se desvanece para abrir corazón y alma entregándose enteros a quien quiera recibir y dar.

Se llama calma cuando la amistad es tan sincera que se caen todas las máscaras y todo se puede contar.

Se llama calma y el mundo la evade, la ignora, inventando guerras que nunca nadie va a ganar.

Se llama calma cuando el silencio se disfruta, cuando los ruidos no son solo música y locura sino el viento, los pájaros, la buena compañía o el ruido del mar.

Se llama calma y con nada se paga, no hay moneda de ningún color que pueda cubrir su valor cuando se hace realidad.

Se llama calma y me costó muchas tormentas y las transitaría mil veces más hasta volverla a encontrar.

Se llama calma, la disfruto, la respeto y no la quiero soltar…

 

 

Silvia Gutiérrez Psicología
Psicóloga Sanitaria y forense
Terapeuta EMDR
info@silviagutierrezpsicologia.com
655 027 164

 

 

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