Silvia Gutiérrez Prieto

Blog

Estrés, pánico, irritabilidad, ¿qué hago con ello?

Publicado el: 02/04/2020
Nombre imagen

Son ya más de 15 días de confinamiento desde que el gobierno declarase el estado de alerta en nuestro país. En Madrid resonaba con mayor fuerza la incertidumbre y el desconcierto. Poco a poco, el efecto #quedateencasa se propagó a todos los hogares.

Todo ello ha supuesto un cambio sustancial en nuestras vidas, en nuestro trabajo, en nuestras familias, en nosotros mismos. Como país, estamos enfrentando una situación de vulnerabilidad frente al contagio del coronavirus o CoVID19.

Este estado de vulnerabilidad ataca a la propia vulnerabilidad emocional de la persona, nos pone en alerta y, por tanto, en una actitud de protección e, incluso, de defensa.

Cuando estamos en alerta, todo nuestro sistema nervioso se poner en acción, hará que no activemos nuestro sistema de respuesta de supervivencia, lo cual resulta adaptativo, en cierto modo.

Pero,...

¿Qué pasa con las emociones?

¿Qué hacemos con la rabia, enfado, frustración, irritabilidad, apatía, baja moral, etc.?

¿Dónde han quedado?

¿Dónde las hemos guardado?

 

Estamos acostumbrados a “hacer”, reaccionamos con acción para resolver. No estamos entrenados para “sentir”, para “parar”, para sopesar, para acoger. Y las emociones no se hacen, las emociones no se deciden. Las emociones se escuchan, se atienden y se gestionan.

Muchos sentirán alteraciones en su estado de ánimo, pasando de un estado más apático y dejadez a pensamientos de preocupación e irritabilidad ante tanta incertidumbre. Incluso puede que todo ese malestar se manifieste de forma súbita con ataques de llanto descontrolado.

Esto tiene su explicación y, es que, nuestro equilibro mental ha sido alterado, se ha quebrado. Acostumbrado a uno día a día maratoniano, donde las sensaciones quedan en un segundo plano, este parón mental hace que ella, las emociones, sean las protagonistas de toda esta película pandémica.

Es, por tanto, cuando el cerebro empieza a prestar atención a sentimientos, pensamientos y emociones que desagradan, asustan y perturban. E, incluso, que desconocíamos o que no sabemos identificarlas, no sabemos ponerlas nombre, no sabemos qué hacer con ellas. Todo esto es nuevo o o algo que, hasta ahora, no era necesario reparar sobre ello.

Y resulta que es nuestro, sale de nosotros, lo sentimos nosotros y lo pensamos nosotros.

 

¿Cómo puede ser que todo esto lo tenga encima? ¡Qué estrés!

Es cierto, el cerebro se estresa ante esos nuevos estímulos y ante la falta de seguridad de recursos para afrontarlo. Es posible que sientas que no tienes el control, que te enfadas con frecuencia o que te irritas con mayor facilidad.

Es posible que el pánico te inunde por momentos.

Estás sintiendo miedo, aunque no se está gestionando de una forma adaptativa. El miedo es natural, es la emoción más básica y fundamental en nuestra vida ya que nos ha garantizado la supervivencia humana. No tengamos miedo al miedo, es una emoción necesaria; cada miedo puede darnos un mensaje, un sentido en nosotros.

Estas emociones como el estrés, la fatiga, y el pánico pueden ser tan contagiosas como el nuevo coronavirus. Por lo que, se responsable en no contagiarte y contagiarlo.

 

¿Qué puedo hacer?

Como seres humanos, podemos reaccionar de dos maneras: una más infantil y otra más adulta. La parte infantil es la que se siente vulnerable e indefensa, la que reacciona ante el miedo de forma más descontrolada, se desregula y puede llegar a sobre-reaccionar. La parte más adulta es la que mantiene la calma, da seguridad y confianza a la parte más sensible. Esto no quiere decir que no sienta miedo, solo que la lo transmite con mayor control personal.

Mantener la calma más allá de la mera supervivencia es lo que nos ayudará a salir victoriosos de esta situación de incertidumbre. Actuar de forma reactiva, solo despejará puntualmente el camino, aunque, seguirás con la sensación de peso. Puede que no te sientas del todo libre.

Por ello, acompañar la acción con la emoción hace que cada paso se refuerce en seguridad y confianza para prevenir un embotamiento emocional (que puede dar lugar a explosiones emocionales intensas).

Es decir, observar las emociones y nombrarlas dando lugar a la parte adulta, en lugar de ser manejadas por ellas. Una vez que se expresan los sentimientos, se vuelve más sencillo controlar las emociones y poderlas normalizar.

 

Te propongo un ejercicio:

Imagínate a tu hijo, a tu sobrino, a un niño pequeño cercano que conozcas que tiene miedo ante la situación y te lo está expresando. Necesita sentir calma, atención, seguridad. Necesita saber que confía en el adulto, necesita mantener un foco de atención y dar pequeños pasos. Un ejercicio que practico en terapia es ¿Cómo le hablarías a ese niño si reacciona como tú estás reaccionando ahora mismo? ¿Qué necesita en estos momentos? ¿Cómo podemos calmarle? ¿Qué necesitarías su tu fueses ese niño?

Enfócate en lo que sí puedes controlar, en lo que sí está en tus manos, en aquello que puedes llevar las riendas de tu día a día. Tienes recursos emocionales para ello, quizás hace falta entrenamiento, sacar músculo emocional para poder ganar en fortaleza mental. Y si, necesitas un entrenador personal, recurre a un profesional, pide un apoyo en estos momentos, enfócate en libros, audios y recursos que te conecten contigo.

La regulación adecuada de las emociones básicas es esencial en estos momentos. Y, por consiguiente, la gestión de la información y sobreinformación en nuestros días.

Voy a recoger las palabras de un artículo que leí esta mañana de la redactora Lola Pelayo decía en su escrito:

“El coronavirus está poniendo a prueba la responsHabilidad o habilidad para responder de todas las personas, el sentido común y la inteligencia emocional. Ganarle la partida no será sólo cuestión de evitar el contagio.”

 

Silvia Gutiérrez Psicología
Psicóloga Sanitaria y forense
Terapeuta EMDR
info@silviagutierrezpsicologia.com
655 027 164

 

MUNDOPSICOLOGOS

-

DOCTORALIA

-