Silvia Gutiérrez Prieto

Blog

Custodia: ¿Única o Compartida?

Publicado el: 16/03/2017
Nombre imagen

La separación o divorcio puede conllevar a grandes conflictos que se ven agravados cuando existen menores de por medio. En este sentido, puede llegar a ser un asunto delicado a la hora de regular las relaciones paterno-filiales tras la disolución de la pareja o matrimonio.

Os sorprenderá saber que las elevadas tasas de violencia en relaciones de pareja y las consecuencias asociadas a la misma han llevado a la O.M.S. a considerarlo un problema de salud pública.

Dentro de la psicología, existen dos elementos fundamentales a destacar. Dos variables imprescindibles a tener en cuenta a la hora de garantizar el mayor bienestar del menor, tras la nueva situación familiar post-divorcio:

  1. Alejar a los menores del conflicto entre ambos adultos.
  2. Mantener los vínculos emocionales ya existentes, previos a la ruptura.

Estos criterios suelen servir de variables predictivas, de tal forma que, cuanto más conflicto viva el menor, en peor situación se encontrará tras la ruptura en relación de sus padres. De ahí que, las investigaciones concluyan que las parejas sin conflicto desarrollan un apego (vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres -o cuidadores- y que le proporciona la seguridad emocional indispensable para un buen desarrollo de la personalidad) mucho más seguro y con mejora de habilidades sociales.

Hasta 2005, estábamos acostumbrados a que, tras una separación o divorcio, los menores quedaran bajo la custodia uno de los progenitores o custodia monoparental.

A partir de la Ley 15/2005, de 8 de julio, nace oficialmente la figura de Custodia Compartida: situación legal donde ambos padres ejercen la custodia legal de sus hijos menores de edad, cumpliendo con la igualdad de condiciones y de derechos sobre los mismos.

Esta nueva figura se contrapone a la tradicional custodia monoparental, también conocida como custodia única, donde uno de los progenitores es quien la ejerce la totalidad de la custodia.

En este sentido la custodia compartida (a partir de ahora CC), implica que los hijos van a vivir con los dos progenitores, pasando parte del tiempo con el padre y la otra parte con la madre.

La distribución del tiempo no tiene porqué ser igualitaria, sino que dependerá de las circunstancias personales (tanto de cada padre como del/los menor/es, de las de circunstancias laborales y de disponibilidad de cada uno de los progenitores, etc.). De acuerdo con la CC:

  1. Ambos padres cooperan y comparten autoridad y responsabilidades parentales tras el divorcio.
  2. Madre y padre son vistos igualmente importantes para los niños.
  3. Los niños alternan –en alguna forma- su estancia en los hogares de ambos padres.

 

Ahora bien, ya sea CC o custodia monoparental, el principio psicojurídico base en toda acción en un divorcio con hijos de por medio, es velar por el interés del menor.

 

De tal modo que, contar con la opción de CC suele ser buena alternativa cuando se dan requisitos entre ambos progenitores como: una buena comunicación interpersonal entre los padres, un buen grado de confianza y un bajo nivel del conflicto que permita mantener unas pautas educativas comunes. Es decir, ya no existe relación sentimental, pero ha de mantenerse la relación parental. La relación no desaparece, se transforma.

Estrés y conflicto suelen ir acompañados de las situaciones de divorcio. En estos casos, suele resultar necesario un tiempo de reducción de la tensión y malestar e, incluso, contar con mediación profesional para desviar la atención sobre conflicto que precipitó la ruptura y, así, poder depositar todas las energías en el cuidado y beneficio del menor.

Es el derecho del menor a mantener ambos vínculos, más que el derecho de los adultos, al reparto equilibrado del hijo lo que sustenta la CC.

Uno de los constructos psicológicos implicados, en los conceptos legales en cuanto a custodias, es el de “conflicto interparental”, variable determinante para el buen funcionamiento de las CC.

“Como se define y se mide el conflicto puede ser determinante para valorar su impacto para el ajuste infantil y sacar conclusiones respecto a la adecuación o no de un arreglo de CC. No es lo mismo identificar conflicto con ausencia de cooperación que con interacciones violentas o con patrones de litigiosidad; no da igual que el conflicto esté centrado en los transformaciones de pareja que en desacuerdos respecto al hijo/a y su crianza, ni que se circunscriba al proceso de ruptura o por el contrario haya estado presente a lo largo de la historia familiar.”

En aquellos casos en los que los progenitores decidan de mutuo acuerdo llevar a cabo una CC, ya sea en la propuesta de convenio regulador (divorcio amistoso) o cuando ambos lleguen a este acuerdo en el transcurso del procedimiento (en los casos de divorcio contencioso), el Juez aprobará el convenio, siempre que considere que el interés del menor está perfectamente protegido con el ejercicio de dicha guarda compartida, tratando de no separar a los hermanos, si fuese el caso.

La principal problemática aparece cuando no existe acuerdo entre los progenitores en relación al régimen de guarda y custodia de sus hijos. Y es cuando se requiere de la valoración de las condiciones más adecuadas para una CC. Para ello, se suele realizar una evaluación forense individual y/o de todos los miembros de la familia.

Aquí es cuando entra en juego el papel del psicólogo forense (Ver artículo del Blog "Descubriendo la psicología forense") con el objetivo de demostrar, mediante dicha evaluación psicológica, en qué medida se cumple la supuesta idoneidad de ambos progenitores para ejercer la custodia y guarda de los menores. Concretamente, evaluando las pautas de crianza, las habilidades de comunicación y las características de personalidad relacionadas con el cuidado.

El resultado es el informe pericial, un instrumento que ayude en el proceso de toma de decisiones de los órganos judiciales.

Sea quien sea el perito en cuestión, en la elaboración de informes psicológicos periciales sobre guarda y custodia de menores en procesos de separación y divorcio parte de tres principios ampliamente consensuados:

  • El interés superior del menor, eje vertebral
  • Cualquier evaluación sobre la idoneidad de los progenitores para ejercer la guardia y custodia de los hijos debe partir del criterio de que ambos son igualmente competentes para su ejercicio.
  • Incluir al grupo familiar en su conjunto y en su totalidad.

El resultado de la evaluación, resumido y estructurado en el informe pericial, debe constituir un instrumento que ayude en el proceso de toma de decisiones de los órganos judiciales correspondientes, estableciendo para ello la capacidad y, en su caso los distintos grados de competencia de los padres para ejercer la custodia de los hijos menores.

Por consiguiente, la misión del psicólogo en los informes de valoración de la idoneidad de los padres separados para el ejercicio de la custodia de los hijos es:

Evaluar mediante procedimientos, técnicas e instrumentos válidos y fiables propios de la psicología la capacidad y competencia personal de los padres para ejercer adecuadamente la custodia de los hijos menores de edad, considerando tanto las variables individuales relevantes, como aquellas otras relacionadas con la propia dinámica familiar y con los contextos en los que se desenvuelve.

 

"Los informes psicológicos forenses deben seguir una táctica de «máxima observación, media descripción y mínima inferencia" - Vázquez y Hernández (1993).

 

SG•Psicología
info@silviagutierrezpsicologia.com
655 027 164
#psicologiaparalavida

MUNDOPSICOLOGOS

-

DOCTORALIA

-
Silvia Gutiérrez Prieto - Doctoralia.es